*En fin de año aparecen pedigüeños por todas partes
*Matamoros se ha convertido en cuna de mendigos
Pedro Silva
Llega diciembre y con ello los aguinaldos, bonos y demás recompensas que la mayoría de las personas se ganaron con el trabajo de todo el año, sin embargo en diciembre también hay una estrategia por parte de los pedigüeños quienes se aprovechan de la gente de buen corazón y con un peso extra en la bolsa para llevarse una buena tajada de eso.
Abundan en temporadas navideñas los pedigüeños, mendigos y demás, que, aunque usted no se dé cuenta, hacen “robo hormiga” ya que cada kilómetro se sube uno al microbús a pedir “ayuda” o te está limpiando el parabrisas, en el café llegan a cantar “Blanca Navidad”, están en todas partes, no se sabe cómo, pero ahí están.
Ayer por la mañana muy temprano, tomé la pesera, íbamos llegando a la avenida cuando de pronto se sube un señor, guitarra en mano, camisa a cuadros rota, lente oscuro (invidente presupongo), pantalón marrón acampanado, bota de piel en el mismo tono que la camisa, despeinado pero bien rasurado, subió los peldaños con una facilidad excesiva para alguien con su discapacidad. Tomándole el brazo izquierdo lo acompañaba una señora entrada en años haciendo una dupla perfecta para que quien tenga buen corazón no pudiera negarse a “donarle” un peso.
Termina dos canciones y pasa la charola la señora con voz seca como que apenas se andaba titulando en esto de la mendicidad, habla “lo que guste cooperar”.
No fueron pocos los que con dolor de su corazón sacaron una moneda para depositarla en las manos de la señora, quien va por el señor ciego, se bajan del pesero con la misma habilidad inusual en alguien que carece del sentido de la vista.
Llegamos a Plaza Fiesta, baja un buen número de personas, por fin tomo asiento y claro, sube otro señor, éste sí le “valió gorro” la guitarra, sólo traía unos papeles, con la voz digna de un moribundo dijo “yo nomás vengo a pedirles algo de sus corazones para que me operen de la próstata porque la operación sale muy cara y necesito rentar una máquina de rayos láser que no hay aquí para que me operen, aquí traigo los papeles que comprueban que es cierto lo que les digo”.
Traté de acercarme para ver los dichosos papeles, sin embargo dio media vuelta y siguió con la “colecta”; el señor sabe que nadie le revisará los papeles que pueden ser lo que sea, la lista del mandado o la carta de su nieto a Papá Noel.
Y continúa con esas palabras que taladran hasta el más insensible “algún día estarán como yo igual, lo dicen las sagradas escrituras, como te veo me vi, como me ves, te verán”; yo me pregunté, ¿en qué parte de la biblia dice eso?
Suenan las monedas, más de diez estudiantes dejaron de comerse una torta de jamón como el chavo del ocho para regalar unas monedas a este hombre y que por fin se pudiera operar de la próstata.
Van dos y no he soltado una moneda, voy invicto, me bajo, tomo la pesera de la ruta Popular-Primera- Puente y de nuevo pasa lo mismo.
“Buenos días, disculpen la molestia, pero tengo la necesidad, aquí traigo a mi hija que necesita unas “medecinas”, no les pido nada regalado aquí traigo unas paletitas quien quiera comprarme o cooperar –sentencia- que Dios se los tome en cuenta”, ahora la recuerdo, el año pasado le di cinco pesos para la “medecina” sólo que la niña que trae ahora es otra.
“Soy de Monterrey pero vengo aquí por “mija” que “ta” mala y la vengo a tratar al Pumarejo”.
-¿Viene de Monterrey acá?, por lo regular es al revés, de igual manera la gente aporta, yo no.
La pesera sigue su camino, llegando a la central de autobuses se sube una pareja de payasos, es demasiado, me bajo, prefiero caminar un poco más que tener que aguantar las indirectas, esas de- No se haga el que no escuchó, ni mire a la ventana como buscando un primo, preferimos hacer esto que andar robando en las calles –es casi lo mismo.
Llego, tomo mi coche, por fin un viaje tranquilo a mi destino, llego al semáforo y al más puro estilo de Jackie Chan un puberto casi de canas se lanza sobre el cofre y lanza sendo chorro de agua con jabón “hay con lo que guste cooperar ‘jefe’”, no traigo.
“Se lo fío para la próxima”, excelente, ahora tengo una deuda con un limpiavidrios. En el siguiente semáforo se me acerca una niña si acaso tendrá seis años y me dice “oiga ¿no me da para un taco?- y remata- Tengo hambre”, es todo, me voy a la casa, echo candado y no salgo más.
Por culpa de los engaños a los que estamos siendo sometidos la gente que en verdad lo necesita y que sale en busca de apoyo no reciben el necesario.
Ya tranquilo en casa pensé ¿Cuáles serán los requisitos para ingresar en el mundo de la mendicidad?
Me puse a enumerar una lista con algo que a mi parecer es el ideal para un mendigo o para cualquier persona que busque vivir a costillas de los demás.
1.- Facilidad de palabra, poder decir “disculpe que los venga a interrumpir o a incomodar pero prefiero venir a pedirles una moneda que andar en la calle robando al prójimo”, nunca falla esa y al final tienes que rematar con la inolvidable, “lo que guste cooperar, recuerde que todos podemos estar en la misma situación”.
2.-Pésima presentación, es válido cualquier camisa rota y cualquier pantalón marrón, no falla, todo mundo usa un pantalón marrón, andar despeinado es indispensable
3.-Tener una receta a la mano, leer la biblia por aquello del “como te veo me vi y como me ves te verás”.
Si no se tienen cualquiera de los talentos anteriores siempre puedes contratar un infante que haga el trabajo por ti
Herramientas:
Una guitarra y claro aprenderte esas canciones de carácter religioso como “Un día a la vez” y sobre todo no se debe olvidar aquella que reza, “Dios bendice al dador alegre si lo bendice la biblia lo dice y es verdad”.
Un cartel que diga estoy ciego, ya que mucha gente no lo intuye al ver los lentes oscuros y el bastón.










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