“Mas si osare un extraño enemigo…”
Himno Nacional Mexicano

Por Pedro Silva

Nos llenaremos de frases porque, como dice el verso, es mejor ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras. Pero aquí la bronca es que a veces terminamos esclavos de las palabras ajenas, lanzadas desde la máxima tribuna, y ahora toca sostenerlas.

Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado firmeza, portando con dignidad la bandera de una nación soberana que no acepta intervención. Pero, ¿qué pasa cuando esa soberanía es pisoteada a la cara por un millonario que, sin pedir permiso, instala una plataforma en aguas mexicanas? Aquí va para ti, mexicano: “Mas si osare un extraño enemigo…”

Lo que hizo SpaceX no es un simple error o una pifia. Es una invasión disfrazada de avance tecnológico. Poner una plataforma en el borde del río Bravo, lanzar cohetes que hacen que los mexicanos tengan que alejarse kilómetros de sus propias tierras, y que los restos caigan del lado mexicano, es un acto de arrogancia sin precedentes. ¿Y qué hacemos? Los dejamos recoger los pedazos como si fueran los encargados de la limpieza. No los vayamos a molestar, ¿verdad? — sarcasmo puro.

Si México es soberano, ¿por qué nos arrodillamos frente al capital extranjero? ¿Por qué la soberanía parece ser solo una bandera para discursos políticos y no una línea roja infranqueable?

EL ICE Y EL “HAGAN LO QUE QUIERAN CON SU PAÍS”

Mientras aquí nos llenamos de diplomacia y paciencia, allá, en Estados Unidos, los mexicanos sin papeles son tratados como delincuentes: esposados, golpeados, encerrados sin miramientos. Y lo soportamos porque “es su país, son sus leyes”. ¿Y quién no va a respetar eso? Pero la pregunta es: ¿por qué no somos capaces de tratar lo mismo cuando un extranjero viola nuestras leyes?

Yo esperaba ver a la marina llegar con toda su fuerza a esa plataforma, detener a los trabajadores, ponerlos contra la pared, y recordarles que en estas tierras mandamos nosotros. Pero no, preferimos alfombrar el camino a “los dioses” que vienen de otro color, ofreciéndoles nuestras riquezas y nuestra soberanía como si fueran souvenirs.

La historia nos lo ha enseñado: siempre que llegan “los grandes”, nosotros nos hacemos pequeños. Pero déjenme decirlo claro: la soberanía no es un regalo ni una mercancía que se negocia a conveniencia. Es el corazón de nuestra dignidad como pueblo.

La presidenta dijo claro que no tenían permiso para navegar en nuestras aguas y aun así lo hicieron. No hay ley para ellos. Veremos qué sanciones aplican, pero nadie pagó por esa ofensa. Y mientras eso pasa, nuestro orgullo mexicano se va haciendo chiquito, como si no importara.

Este es un llamado, no a la guerra, sino a la conciencia. A no permitir que nos sigan viendo la cara de, a exigir respeto por lo que es nuestro. Porque si dejamos que nos pisoteen, ¿qué nos queda? Nada más que palabras bonitas y un himno que se canta sin sentir.

Presidenta, la soberanía no se negocia. Se defiende con dignidad o se pierde para siempre.

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